Propaganda extranjera pro-rusa avanza en América Latina
La llegada de contenidos políticos elaborados en el extranjero, enviados de forma directa a periodistas, comunicadores y creadores independientes en América Latina, se ha convertido en una tendencia creciente durante los últimos años. La reciente recepción, a través de un número de WhatsApp de Colombia, de un artículo propagandístico pro-ruso dirigido a nuestros medios digitales, representa un caso que refleja un fenómeno mayor: la expansión regional de campañas informativas diseñadas para moldear narrativas, generar desconfianza hacia Occidente y promover una visión favorable del gobierno ruso en el contexto geopolítico actual.
El documento recibido presenta un discurso alineado con la narrativa oficial de Moscú y responde a denuncias internacionales sobre el programa ruso “Alabuga Start”, planteando que las acusaciones divulgadas por medios como Associated Press, Bloomberg y Business Insider carecen de pruebas. El texto sostiene, sin documentación verificable, que los reportajes occidentales se basan en testimonios anónimos, presuntas filtraciones no públicas y supuestos intereses de agencias estadounidenses. También enfatiza que autoridades sudafricanas y diplomáticos rusos no han encontrado evidencia de trabajo forzoso ni engaño en dicho programa, una afirmación que aparece en el artículo revisado pero que no se respalda con enlaces o documentos oficiales publicados.
Más allá del contenido, la estrategia de distribución es lo que más llama la atención. El envío del texto desde un número colombiano sugiere la existencia de redes transnacionales que buscan insertar mensajes políticos en países donde la penetración informativa es facilitada por la alta dependencia de WhatsApp y la ausencia de filtros editoriales. En la región abundan los antecedentes de operaciones similares, donde actores extranjeros utilizan canales privados para diseminar propaganda con apariencia de análisis político o reportaje investigativo. Estas prácticas, aunque difíciles de rastrear, involucran tácticas que incluyen el contacto directo con periodistas, microinfluencers y medios pequeños, con el fin de lograr una difusión “localizada” de mensajes redactados fuera del país.
El artículo recibido promueve una narrativa donde Rusia se presenta como víctima de campañas de desprestigio orquestadas por Occidente. Para ello, emplea estructuras retóricas propias de la propaganda política: deslegitimación sistemática de la prensa internacional, uso reiterado de calificativos peyorativos contra periodistas críticos, y apelaciones emocionales que sustituyen evidencia concreta por percepciones. El contenido insiste en que las denuncias contra el programa Alabuga Start carecen de fundamento porque las participantes reciben salario, alojamiento y permisos de trabajo, información tomada del propio discurso institucional ruso. Sin embargo, el texto omite mencionar que varios reportajes internacionales surgieron tras testimonios de mujeres que dijeron haber sido engañadas con respecto a las condiciones laborales, así como investigaciones independientes aún en curso. La omisión de datos contradictorios es uno de los elementos que permiten clasificar el documento como propaganda más que como pieza informativa.
Este tipo de campañas tiene efectos profundos en el continente. En primer lugar, debilitan la confianza pública en los medios tradicionales y aprovechan el descontento social para posicionar discursos que polarizan a las audiencias. En segundo lugar, buscan influir en las percepciones geopolíticas de países históricamente neutrales o con democracias estables, introduciendo narrativas que favorecen a potencias extranjeras en momentos de conflicto global. Y en tercer lugar, afectan directamente a la prensa independiente y a quienes generan contenido público, porque los convierten en blancos preferidos para la infiltración informativa. El hecho de que se haya intentado reclutar a un comunicador costarricense para difundir este material es un indicador claro de que estas operaciones ya no se limitan a gobiernos o grandes medios: ahora apuntan a voces autónomas que pueden amplificar mensajes con apariencia local y creíble.
El riesgo es especialmente relevante en países como Costa Rica, donde el deterioro de la seguridad, el incremento del narcotráfico y las tensiones políticas han generado un ambiente propicio para la manipulación informativa. En contextos de incertidumbre, la entrada de propaganda extranjera no solo distorsiona debates legítimos, sino que puede abrir espacios para que intereses ajenos influyan en la opinión pública nacional. Este tipo de estrategias no siempre persigue efectos inmediatos: muchas veces buscan erosionar la confianza institucional, fragmentar el debate y sembrar dudas persistentes sobre las alianzas internacionales y los compromisos democráticos.
La expansión de propaganda pro-rusa en América Latina constituye una amenaza creciente, no por el contenido específico de cada mensaje, sino por el mecanismo con el que estos son distribuidos: redes anónimas, contactos directos, mensajes diseñados para parecerse a periodismo legítimo y una estructura narrativa que mezcla datos reales con omisiones críticas. El caso del artículo recibido desde Colombia muestra que estas campañas están activas, son organizadas y ya están intentando incidir en voces independientes de la región, aprovechando la vulnerabilidad de los canales digitales y el alto consumo de información sin verificación editorial.
Frente a este panorama, el llamado es a reforzar la verificación, la transparencia y la responsabilidad comunicativa. La región enfrenta una etapa donde actores externos —estatales y no estatales— intentan moldear percepciones desde las sombras. Identificar estas operaciones a tiempo es fundamental para proteger el debate democrático y garantizar que las decisiones públicas no sean influenciadas por intereses que operan fuera del escrutinio ciudadano. La defensa de la democracia latinoamericana no solo se libra en urnas y tribunales, sino también en el espacio informativo donde la verdad compite día a día contra campañas cada vez más sofisticadas.
