Costa Rica despide al gobierno con las cifras de homicidios más altas de su historia
Hoy termina un gobierno que quedará marcado por haber encabezado el período más violento de la historia reciente de Costa Rica. Las cifras oficiales del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) no dejan espacio para interpretaciones: el país cerró los tres años con más homicidios jamás registrados durante una misma administración.
El 2023 rompió todos los récords históricos con 905 homicidios. Luego, el 2024 cerró con 876 asesinatos y el 2025 con 873, consolidando una escalada de violencia sin precedentes en el país. Este periodo casi que coincide con el tiempo de Mario Zamora como Ministro de Seguridad, dado que entró a esa cartera cuando Chaves ya tenía un año de gobernar.
Costa Rica pasó, en apenas pocos años, de ser reconocida como una de las naciones más seguras de América Latina a enfrentar niveles de violencia asociados históricamente con corredores internacionales del narcotráfico y estructuras criminales cada vez más agresivas.
El deterioro no ocurrió de la noche a la mañana, pero sí se aceleró dramáticamente durante este período presidencial. Entre 2010 y 2021, el país osciló entre los 400 y 600 homicidios anuales. Sin embargo, a partir de 2022 comenzó un crecimiento explosivo que terminó llevando al país a cifras nunca antes vistas.
Los datos reflejan el tamaño del problema:
- 2010: 527 homicidios
- 2011: 474
- 2012: 407
- 2013: 411
- 2014: 471
- 2015: 557
- 2016: 577
- 2017: 603
- 2018: 586
- 2019: 557
- 2020: 570
- 2021: 588
- 2022: 654
- 2023: 905
- 2024: 876/880 (según corte oficial utilizado)
- 2025: 873
El salto entre 2022 y 2023 representó un quiebre histórico. Costa Rica no solo superó su récord anterior: lo pulverizó. El país ingresó a una nueva etapa donde las ejecuciones, los sicariatos y las disputas territoriales comenzaron a dominar las estadísticas criminales.
El propio OIJ ha señalado en múltiples ocasiones que la mayoría de homicidios están ligados al narcotráfico, ajustes de cuentas y crimen organizado. En muchas comunidades, la violencia dejó de ser un hecho aislado para convertirse en parte de la vida cotidiana.
Barrios enteros comenzaron a convivir con balaceras frecuentes, jóvenes reclutados por estructuras criminales y asesinatos ocurridos a plena luz del día. Incluso menores de edad quedaron atrapados en medio de disputas armadas cada vez más comunes.
Pero quizás el impacto más grave de este período no fue únicamente la cifra de muertos, sino la normalización de la violencia.
Costa Rica dejó de sorprenderse por los homicidios múltiples. Las noticias de asesinatos diarios comenzaron a ocupar titulares permanentes. Lo que hace quince años habría provocado conmoción nacional, hoy muchas veces apenas permanece unas horas en el ciclo informativo.
Mientras tanto, el discurso político giró constantemente alrededor de confrontaciones, ataques institucionales y polarización pública, en medio de una crisis de seguridad que seguía creciendo año tras año.
Es cierto que el narcotráfico es un fenómeno regional y que ningún gobierno controla completamente sus efectos. Pero también es cierto que las administraciones son evaluadas por resultados. Y las cifras oficiales dejan una realidad difícil de ignorar: Costa Rica termina este gobierno con los peores indicadores de homicidios de toda su historia.
El próximo gobierno recibirá un país distinto al de hace una década. Un país donde la seguridad dejó de darse por sentada y donde recuperar la confianza ciudadana será tan importante como reducir las estadísticas criminales.
Porque detrás de cada número hay una víctima, una familia y una señal de que Costa Rica atraviesa una de las crisis de violencia más profundas de su historia contemporánea.
