Encuestas inflan apoyos mientras la mayoría del país no responde
Las encuestas electorales en Costa Rica siguen presentándose como una fotografía precisa del momento político. Sin embargo, al revisar los propios datos técnicos de los estudios recientes, aparece una realidad que rara vez se convierte en titular: la mayoría de las personas contactadas decide no participar. Esa omisión cambia por completo la interpretación de los porcentajes que luego se publican.
De acuerdo con reportes entregados al Tribunal Supremo de Elecciones, en la encuesta telefónica de enero de 2026 del IDESPO se generaron 31 695 números telefónicos, pero solo 1 101 personas completaron la entrevista. Esto implica que más del 96 % de los contactos no respondió.
En otra medición del mismo instituto, realizada en octubre de 2025, se generaron 26 830 números y apenas 901 entrevistas completas. El patrón se repite: decenas de miles de intentos frente a una participación mínima.
Estos datos no son marginales; son estructurales. Y son los que permiten cuestionar la validez de presentar cifras de intención de voto como si reflejaran al país entero.
Lo que realmente muestran esos números
Cuando un candidato aparece con, por ejemplo, 25 % de apoyo en una encuesta, ese porcentaje se calcula sobre el pequeño grupo que sí respondió, no sobre la población total contactada, y mucho menos sobre el total del padrón electoral.
Si se observa desde la base real de participación, el panorama cambia drásticamente. En el estudio de enero 2026, 1 101 personas representan solo una fracción mínima del universo contactado. Es decir, los porcentajes publicados no describen a la mayoría silenciosa, sino a un grupo reducido que decidió contestar.
El problema no es solo estadístico, sino de interpretación pública:
se comunica como apoyo nacional lo que en realidad es apoyo dentro de un grupo muy pequeño de participantes.

Azul muestra la población consultada (números contactados) y naranja la población que respondió (entrevistas completas).
En IDESPO enero 2026 respondieron 1 101 de 31 695 contactos (≈3,5%); en IDESPO octubre 2025 901 de 26 830 (≈3,4%).
En contraste, la encuesta presencial de OPol enero 2026 obtuvo 3 008 respuestas de 3 462 contactos (≈86,9%), evidenciando la gran brecha de participación en estudios telefónicos.
El dato que casi no se publica
La estadística más reveladora de muchas encuestas actuales no es quién lidera, sino esta:
La gran mayoría de costarricenses contactados no quiso participar.
Ese silencio puede tener múltiples causas: desconfianza, apatía política, rechazo a compartir información, saturación de llamadas o percepción de inutilidad del proceso. Pero independientemente de la razón, el resultado es el mismo: una porción amplia del electorado no está representada en los datos que luego dominan el debate público.
¿Fotografía del país o del que sí contesta?
Las encuestas siguen una metodología válida dentro de sus supuestos técnicos. El problema surge cuando esos supuestos — especialmente que quienes responden se parecen a quienes no responden — dejan de cumplirse en la práctica.
Con tasas de respuesta tan bajas, existe un riesgo evidente de que los resultados reflejen más a quienes tienen mayor interés político o posturas más definidas, y menos al votante promedio, indeciso o desconectado. Aun así, los resultados se difunden como si describieran el pulso completo del país.
Conclusión
Las cifras oficiales muestran que la brecha entre personas contactadas y personas que realmente responden es enorme. Sin embargo, esa brecha casi nunca acompaña los titulares.
Por eso, más que retratos fieles del electorado, muchas encuestas actuales podrían estar funcionando como mediciones parciales que luego se presentan como verdades nacionales. Y mientras los porcentajes se publicitan como reflejo del país, el dato más contundente sigue quedando fuera del foco:
la mayoría del país no está hablando en esas encuestas.

